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Persona, Sustentabilidad & RSE

Cómo doy en pantalla

Estar tantas horas frente a la computadora y tener que vernos mientras hablamos puede abrumarnos y generarnos más ansiedad que una reunión tradicional.

Estar tantas horas frente a la computadora y tener que vernos mientras hablamos puede abrumarnos y generarnos más ansiedad que una reunión tradicional.

La cuarentena, por qué negarlo, nos zambulló en un nuevo estilo de vida. Al estar más tiempo puertas adentro no tenemos la misma producción que cuando salíamos a diario. Pero, paradójicamente, todos los días estamos expuestos a la mirada de líderes, clientes, compañeros y hasta prospectos.  

En este contexto, no es raro escuchar a muchos trabajadores quejarse por el cansancio y la ansiedad que están sintiendo ante la sucesión de videollamadas. ¿Por qué nos dejan más cansados si estamos dentro de casa?  

Lo primero que nos pasa es que estamos aprendiendo un nuevo código: el virtual

Aunque estamos frente a frente, mediatizados por la pantalla, no es lo mismo que cuando al comenzar la reunión pudimos evaluar las posturas, el beso inicial o incluso el tono de voz. Poder decodificar cada señal nos lleva más trabajo. A esto se suma que estamos en el mismo ambiente, pero solemos pasar de reunión en reunión.  

¿Por qué nos cansamos más?

Muchos psicólogos hablan de la fatiga de las videoconferencias. Es que al estar frente a la cámara tanto tiempo, tratando de encontrar el mejor ángulo para dar la imagen que deseamos nos estresa. Simplemente porque no sabemos cómo hacerlo. Hasta acá nos habíamos centrado en nuestros gestos en los encuentros físicos. Además, ponemos mucho esfuerzo en comprender y asegurarnos que estamos interpretando bien cada signo.  

Otro factor clave es la superposición de encuentros online

Muchos, para hacer más eficientes sus agendas, tienden a poner una llamada encadenada a la otra. Eso es un error. Lo mejor es darse lugar para frenar, calentarse un café o preparar el mate, tener una charla con alguien de la familia o hasta mirar un video de algo que nos guste.    

Por último, es bueno que podamos compartir las sensaciones de extrañeza que nos generan las videocalls. De este modo sabremos que no somos los únicos que nos sentimos así. Y, además, nos servirá para alivianar tensiones. Hasta, quién nos dice, abre una oportunidad para intercambiar consejos.  

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